Recuerdo que cuando era chica la escuchaba decir a mi madre: "La luna se hizo con agua, así que va a llover" Yo imaginaba que la luna se convertía en un globo gigantesco lleno de agua que explotaría en el espacio derramando su contenido sobre mi patio. Mi patio, que en ese entonces era "mi cielo", porque toda la realidad se acotaba a mis espacios personales. Solo llovía en el patio que yo podía ver desde la puerta vidriada de la cocina de mi casa. Nunca me pregunté por qué la vereda del vecino también estaba mojada luego de la lluvia, no me preocupaban esas cuestiones. En ese tiempo existía solo el presente. El futuro era una guirnalda de felices promesas, no había lugar para pensar el dolor, mucho menos el espanto, no había ausencias queridas, todo era felicidad... y la luna seguiría explotando para mi cada tarde de lluvia.
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